Dueña de un envidiable espíritu, de energía desbordante, dones que le han posibilitado ir aceptando los retos que la vida le ha puesto.
Ese era su talante desde la niñez en el colegio de Los Sagrados Corazones, que para ella fue la puerta que le abrió el camino al arte, la poesía y el teatro.
Terminó el colegio, fue a la universidad y luego se casó con Raúl Guarderas, quien también en su juventud transitó por el mundo artístico y de la bohemia.
Actualmente sus días transcurren entre el campo y la ciudad, donde siempre encuentra el tiempo para escribir, para asumir la vida y sus eventos que por momentos parecieran inentendibles, como el Alzehimer que apoderándose de Raúl la colocó en posición de comprender la existencia desde otra perspectiva, incluso descubrir, en un momento, la posibilidad de un lenguaje para comunicarse con una mente que vive en otra dimensión. Trabaja también como voluntaria para ayudar a las familias de quienes padecen esta enfermedad. (Tomado del texto de Genoveva Mora Toral, marzo 2012, Fundación Mandrágora)